No es la carne y la sangre sino el corazón lo que nos hace padres e hijos
Friedrich Von Schiller

Tiene en la mirada todo el brillo y el ardor del que está deseando entrar en batalla. Es lógico, aún no recibió heridas graves, más allá de los ligeros rasguños (y alguna que otra magulladura) propios de los pequeños guerreros. En nuestras incruentas guerras es mal estratega. Se lanza siempre abiertamente al ataque, sin tregua. Yo, que para mi pesar soy perro viejo, sé aprovechar la fuerza de su ataque, y sé que es mejor esperar a encontrar un flanco abierto que abalanzarse como un loco a la conquista. Justo allí, en los flancos que descuida, es donde hicieron nido sus cosquillas. La estrategia pues, es clara, reventar al enemigo a carcajadas, y levantarle del suelo, y subirle y bajarle, y ponerle boca a bajo hasta que pide clemencia, e indultarle luego, pero no tiene palabra (el muy traidor) y renueva siempre los ataques con redobladas fuerzas, incansable y feroz, y me dobla de la risa, y se me sube a horcajadas, y se me cuelga del cuello, y acabo siempre rindiéndome y rendido. Y jamás un fracaso tuvo un sabor más dulce, y cuando al fin entrego mis armas y me declaro vencido, encuentro en su sonrisa, mágica y clara, la recompensa a mi derrota, y así, aún y después de todo, celebro satisfecho mi victoria.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves