Sab 12 Ago 2006
La cuestión no está en odiar o amar. La indiferencia es el crimen.
G.M.
Desde que empezara a notar la pesadez en el pecho había consultado con los mejores especialistas, guiado siempre por su médico de cabecera que le fue recomendando doctores a lo largo y ancho del planeta, desde Houston a Hong-Kong. No cambió nada. Todos confirmaron el primer diagnóstico, todos afirmaron que era el primer caso conocido y todos insistían en continuar con las pruebas y las analíticas. Pero ninguno fue capaz de proponer una solución, una terapia coherente o, al menos, un posible tratamiento que, si no frenara, sí que retardara lo que ya parecía irreversible.
La cuestión era que él se encontraba mejor que nunca, salvo esa molesta rigidez en el pecho que, no obstante, no le impedía llevar una vida completamente normal. Para él una vida completamente normal consistía en levantarse temprano, desayunar con su mujer (aguantando su insulsa cháchara sobre el último modelito recién comprado), acudir al trabajo, comer en la empresa (no hay tiempo que perder, solía decir él), completar su jornada laboral (que se prolongaba mucho más de lo que debía prolongarse), volver a casa, cenar con su esposa (soportando su incansable sonsonete sobre lo sola que se sentía), ver un rato la televisión (dentro de lo posible el programa más insustancial y anodino, había donde elegir) y acostarse lo más temprano posible (al día siguiente había que madrugar para reanudar el trabajo).
Él, sin embargo, se desenvolvía a sus anchas en ese mundo rutinario y seguro que había creado. Por eso, romper su medida existencia consultando a médicos por todo el planeta le sacaba de sus casillas, y por eso, simplemente se acostumbró a esa extraña pesadez que, por otra parte y como ya hemos mencionado, no le impedía llevar lo que para él era una vida completa y satisfactoria.
Porque aunque todos los especialistas del mundo se asombrasen y afirmasen que era completamente imposible, y que hace tiempo ya que debería estar muerto, él sabía que se puede seguir viviendo perfectamente cuando el corazón se te ha convertido en piedra.
12 de Agosto, 2006 - 11:31
¿No decía la frase… no se mide la vida por el tiempo en que respiras sino por los momentos que te dejan sin aliento..? Pues supongo que más que seguir viviendo, lo que hace ese corazón es estar de paso por la vida, porque si ni siente ni padece,… qué vida mas malgastaíta!
Un besote norteño
12 de Agosto, 2006 - 13:40
No sé a qué birria de médicos habrá consultado el hombre este, porque lo de que es el primer caso conocido para nada. Hay casi epidemia.
Por suerte o por desgracia, a mi alrededor sólo hay corazones blanditos blanditos, que se rompen más fácil pero laten, que tiene su gracia. Besos muchos
12 de Agosto, 2006 - 19:19
Sin duda alguna es el típico caso que nosotros diagnosticamos como, “agarrotamiento coronario en fase cartónpiedra”, el tratamiento más efectivo son las transfusiones de bilirrubina y pastillita 100 mg de antiretrogranito cada 8 horas acompañado siempre de un besito de color, preferiblemente en tonos suaves.
Espero haberle ayudado.
;) + blue kiss sky
12 de Agosto, 2006 - 19:55
Si mi vida normal fuera así… cuando mi vida era así… Y no fui el primer caso, no. Tampoco la primera en recuperarse. De todas formas, sé que hay quienes pueden vivir de piedra, y hay quienes no.
13 de Agosto, 2006 - 9:16
Para qué tanto médico! Cuando uno vive así no sufre. Pero yo no cambiaria ni un segundo de mis momentos de dolor o de lágrimas o de desesperación por los que también he tenido de risas, de curiosidad, de entusiasmo y de amar con todas mis fuerzas. Lo que tengo dentro del pecho no servirá para andar por esta vida pero por lo menos no pesa
13 de Agosto, 2006 - 9:50
!wow! Bella historia…triste verdad, aunque no para el.
..el corazon de piedra no sangra…no derrama amor. Calcinado en su codicia no late por avaricia…vive en eterno como un guijarro, testigo mudo de sus lagrimas secas.
Hay personas que son fabricas de guijarros..
y estoy segura de que tanta rigidez esconda solo un gran sufrimiento mal canalizado y muchas veces hasta imposible de sanar.
Saludos!
13 de Agosto, 2006 - 13:09
Rocio: De hecho, posiblemente no sea ni vida. norteño?
A mi me gustan calidos, como del sur
Náyade: Pandememia mas que epidemia
Corazón más blandito que el tuyo no creo que le haya. Besos
Doctora Torpe: Ni el mismisimo Doctor cito, eminente cardiolitologo, habría hecho un diagnóstico más acertado. Sólo una pregunta ¿el antiretrogranito va también bien para el acne? Por supuesto que me ha ayudado, sobre todo el beso de color.
Besos.
aminuscula:Sí, se de buena tinta que hay corazones que se ablandan y vuelven a latir, y adquieren de nuevo la capacidad de amar, y de sufrir… y viven. Besos
River: Hay segundos de felicidad que compensan toda una vida de dolor y, en cualquier caso, si nos duele es porque estamos vivos, muy vivos.
TICTAC: El alma de piedra no ama, no odia, rie pero no es feliz. Y tras la rígida fachada sólo esconde una tristeza infinita que ni siquiera le deja llorar. Besos
13 de Agosto, 2006 - 15:34
el norteño era por ti… el beso viniendo de mí es sureño cien por cien hombre!!!!
13 de Agosto, 2006 - 18:08
La piedra, amigo se esculpe, y si no la esculpe el amor
se encargará el veneno de las ansias de poder
de hacerlo.
Besitos.
13 de Agosto, 2006 - 18:12
Y así es Gabi, se puede seguir viviendo con el corazón hecho piedra y si me apuras, incluso sin corazón…
Besos muchos
14 de Agosto, 2006 - 11:27
y tengo entendido que el resultado es que no vives la vida, sino que la vida te vive.
besos!
14 de Agosto, 2006 - 12:48
.lo que no tiene es remedio.
Como siempre felicidades es una historia muy buena sobre como se te puede secar el corazón y cuadricular la mente .
Gracias y hasta pronto!.
14 de Agosto, 2006 - 17:32
Es la misma pesadez que siento en mi pecho…
Besos y piedras.
14 de Agosto, 2006 - 20:12
¿Y eso puede ser vida?, en la vida hay que sentir para bien o para mal, pero sin sentirlo no hay un mañana…
Un beso.
14 de Agosto, 2006 - 22:32
Hola que tal?, bueno solo pasaba a saludar, la verdad está interesante el blog, nos leemos, saludos,
JD
16 de Agosto, 2006 - 1:39
Genial. Cuánto corazón de piedra hay por ahí sin diagnosticar.
Un relato perfecto.
Saludos admirados.
17 de Agosto, 2006 - 14:05
Consigues hacerlo, no es palabrería. Me conmueves al darle siempre la vuelta sorpresa. El punto final (pero siempre abierto) a la lección.
¡Ese joven maestro!
19 de Agosto, 2006 - 7:23
“La cuestión era que él se encontraba mejor que nunca, salvo esa molesta rigidez en el pecho que, no obstante, no le impedía llevar una vida completamente normal”…
Una vida completamente normal…
Mas, “aunque todos los especialistas del mundo se asombrasen y afirmasen que era completamente imposible, y que hace tiempo ya que debería estar muerto, él sabía que se puede seguir viviendo perfectamente cuando el corazón se te ha convertido en piedra.”
Y no obstante, tal vez solo sea una cuestión de densidad. Como si la piedra y el aire fueran apenas los extremos de una misma cosa.
Y mientras tanto, se me ocurre una sola palabra: Amor.
Un abrazo, Gabi.
In.
22 de Agosto, 2006 - 1:27
uffa. quisiera creer que es una piedra volcánica, y creer que no ha perdido su naturaleza de amoldarse aunque el molde que ha elegido por ahora es uno tan rígido como la misma piedra… me da por desear que alguna explosión o la tibiesa de un encanto (que hay tantos!) pueda convertirla en lava nuevamente. ay! que piedra esas, si las odio… y ya lo dices, llega a ser tan triste que ya no deja ni llorar. pucha. prestaría mis lágrimas si hace falta.
a ti, besos mil.
22 de Agosto, 2006 - 18:56
pero no es un caso único, yo conozco a unos cuantos, pero no han ido al médico.
Saludos, me gustan tus letras
29 de Agosto, 2006 - 23:23
Dice una canción de Caetano Veloso que las piedras jamás saben de amores.
Otro texto que me deja sin palabras.
Un saludo!