…y entonces otro azahar sin hache y con sonrisa hará su jugarreta…

Ana María Drack

Tengo los pies mojados. No hay cosa que más odie. He pasado todo el día recorriendo la ciudad buscando algo, no se qué, no me lo explico. Ha sido un impulso idiota, un presentimiento quizás, pero esta mañana cuando desperté algo me dijo en mi cabeza que debía salir a la calle y no me lo pensé dos veces. Es curioso, porque no suelo hacer caso a este tipo de cosas, más bien todo lo contrario. Soy un hombre muy equilibrado y absolutamente racional, tengo mi vida perfectamente organizada: un trabajo magnífico; una familia perfecta; una casa extraordinaria, espaciosa y en pleno centro. Tengo la vida que siempre he querido. No soy dado a fantasías estúpidas ni a falsos sueños. La vida es lo que se toca, lo palpable y lo que se puede contar. Todo lo demás son idioteces que no sirven para nada. Absolutamente para nada, salvo quizás para perder el tiempo.

Marta se ha quedado preocupada al verme salir. Es lógico, no la he explicado nada y eso no es propio de mí. Me ha preguntado si iba a tardar y ni siquiera la he contestado. No podía, no lo sabía. El ilógico impulso que me ha hecho salir de casa tampoco me ha dado a mí explicaciones. Solo sé que llueve desde hace dos horas, y que yo sigo andando por la calle, como un lunático, con los pies mojados. Debería llamarla, pero ¿para qué? Para decirla: “no sé cariño, todavía no puedo volver, ha sido un impulso y no sé por qué pero aún no me deja volver”.¡Joder!,¡Esto es absurdo!
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Tengo los pies mojados. No me importa. Llevo todo el día recorriendo las calles y ya hace un par de horas que llueve, pero me encanta la lluvia en mi cara y mi pelo. Hacía demasiado que no llovía y lo echaba de menos. No pienso volver a casa aunque me encuentre realmente cansada. Sé que hoy va a ocurrir algo mágico y especial. Me he levantado con ese pálpito y no pienso no hacerle caso. Al fin y al cabo, si no hacemos caso a la magia que nos regala la vida, para qué sirve vivir. Lo sé desde por la mañana al despertar, hoy va a ocurrir algo maravilloso y yo quiero vivirlo.
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¡Mierda de pies mojados! No soporto mojarme, nunca me ha gustado. A ella si le gustaba. A Elena. No me dejaba nunca llevar paraguas, decía que dejarse empapar por la lluvia le daba sensación de libertad. ¡Era preciosa! Tan distinta de Marta. Ella es como yo, pisa firme en el suelo, y hemos construido juntos un espacio seguro y maravilloso. Elena caminaba siempre por las nubes. ¿Cuánto hace que no la veo? ¿Veinte años? ¿Por qué me habrá dado hoy por pensar en ella? ¡Mierda de lluvia!
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No sé que es pero se está acercando. Va a pasar algo; seguro. Tan seguro como el resfriado que tendré mañana si no me seco los pies. No importa, lo noto, el aire mojado está lleno de promesas. Siempre he hecho caso a mis corazonadas y no voy a dejar de hacerlo hoy. Es lo que siempre me reprochaba Miguel, que le hiciese más caso a mi corazón que a mi cabeza. ¡Pobre! ¿Qué será de él? ¿Cuánto ha pasado?¿Veinte años?¿Por qué me habré acordado hoy de él?
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Es curioso, hacía años que no me acordaba de Elena, ¿Por qué hoy?. Me estaré volviendo loco pero incluso me parece estar viéndola, avanzando hacía mi, entre la lluvia.
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Ha sido pensar en él y parecerme que le veía caminando bajo la lluvia a mi encuentro. No. Miguel no pasearía así, empapándose tontamente. Miguel odiaba la lluvia.
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Pero es curioso cuanto se parece, es igual que ella con veinte años más. ¡Si no supiese que es imposible…!
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Se le parece tanto. Es su viva imagen con canas y alguna arruga . ¡Qué guapo era!
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- Buenas noches.
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- Buenas noches
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Creo que ya está bien de lluvia. Me está haciendo ver fantasmas. Me voy a casa a secarme los pies

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Es absurdo. Me voy a casa. A ver cómo le explico esta estupidez a Marta. Estoy deseando secarme esta mierda de pies mojados.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos