A K. Mi amigo, Mi hermano, Mi compañero, Mi Señor.
que dice estar enterrado en vida.
He andado tus mismas sendas
pero yo he sobrevivido

Gabi: Tu amigo, Tu hermano, Tu compañero, Tu Señor.

¡Escúchame Oh Mi Señor!
Soy Gardán, guerrero, como tú, de la tribu de los Zarkaris, habitantes de las gélidas montañas del norte.
Te he sido fiel durante veinte largos años. Desde el amanecer en que partimos de nuestra tierra helada, hasta el atardecer de este último día en que te escribo.

Me mantuve a tu lado Mi Señor, en la batalla de Kar-Dur, sobre las áridas planicies del desierto de Elastur, cuando, después de tres soles y tres lunas de combate, la sangre de nuestros enemigos era ya una costra seca sobre nuestros cuerpos.

Te he servido Mi Señor, en lo alto de las murallas de Bargel, defendiéndola de las hordas de Braktar “el carnicero”; ¡Maldita sea mil veces la luna en que fue engendrado!. Te serví Señor, cuando al clarear aquella espantosa noche, vimos su ejército, convertido en un despojo, huir del filo de nuestras espadas.

He estado detrás de ti Mi Señor.
Guardándote la espalda en los infectos pantanos de Zamalia, donde cada junquera esconde un enemigo y las alimañas aún se alimentan de los despojos de aquella batalla.

Atravesé contigo, Mi Señor, las dunas de las playas de Shakram tras el desembarco de nuestras huestes, llevando tu estandarte, compartiendo contigo el grito salvaje de la victoria.

Pero no puedo acompañarte en esta última lucha Mi Señor.

Ahora, tras conquistar para ti el trono de Macoria, te encierras en la torre esmeralda, a dejarte morir Mi Señor.
No brilla ya en tus ojos el ansía de próximas batallas y la sangre de tus venas no hierve por la cercanía de nuevas guerras. La fuerza de tu brazo no soporta el peso de “Gamalur”, tu espada, y el caos y el desorden se apoderan de tu capital. Lo que no consiguieron las lanzas y las flechas de tus enemigos lo ha conseguido esta vida de desidia.

Estas llamando a la muerte, Mi Señor. Peor aún, estás ya muerto. Igual que los “no vivos” que se dice que habitan las junglas de Maldonia.

No te acompañaré en esta última batalla Mi Señor.
Si es tu deseo abandonarte a la señora oscura sin presentar contienda, yo no puedo impedírtelo Mi Señor, pero no me pidas que esté a tu lado.

Soy Gardán, guerrero de los Zarkaris y no pienso verte morir.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos