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La comisión recibió el nombre de C.I.P.O.T.E. (Comisión Internacional Planetaria Organizadora del Traslado al Edén), alguien se dio cuenta de que en los países de habla hispana el nombrecito se las traía, pero para entonces ya habían hecho carteles y publicidad en los periódicos, y los comisionados de otras lenguas dijeron que tampoco era para tanto y que, al fin y al cabo, si usaban la versión inglesa: Planetary International Translate Organization for the reTurn to the Eden (P.I.T.O.T.E) no habría mayor problema.
Al final se la conoció en todo el planeta como “La comisión” o “The comission” para abreviar.

Entre aquellos preclaros hombres y mujeres, que fueron designados por la humanidad para guiarla en su retorno al paraíso había, por ejemplo, abogados y economistas; diplomáticos y empresarios; constructores y políticos; algún obispo y jerarcas de todas las religiones existentes. En definitiva, lo mejor de cada casa. No había en la lista de prohombres ni filósofos ni poetas, al fin y al cabo, la razón como tal había quedado muy desprestigiada después de un hecho milagroso del calibre del que había acontecido, y la poesía, como es bien sabido, no sirve para gran cosa.

La comisión tuvo que resolver asuntos realmente espinosos.
Enumerarles todos aquí sería realmente tedioso, pero sí me permitiré relatar algunos ejemplos.

¿Está permitida a cualquiera la vuelta al paraíso?

Tras arduos debates se decidió que no. Para poder ser incluido en la lista de retorno al vergel de Adán y Eva, era necesario rellenar cerca de 50 formularios diferentes, adjuntar currículum vitae, fotografías de cuerpo entero, de frente y de perfil, certificado de penales, etc. Como dijo justificándolo el Presidente de la Comisión: “Se trata del Paraíso, Señores. No vayamos a llenarlo de gentuza”. De todas las solicitudes presentadas fueron rechazadas una ingente cantidad. Los motivos argumentados para el rechazo de la solicitud eran de lo más variopinto: desde el “lo sentimos pero no da el perfil físico deseado” al “no alcanza el cociente intelectual requerido” pasando por el más habitual “su currículum vitae no satisface nuestras exigencias”. Así pues la lista de admitidos se fue llenando de:

Supermodelos inteligentísimas/os.
Supermodelos tontísimas/os.
Cualquiera que fuese Supermodelo.
Gente adinerada.(que no se sabe bien por qué solían presentar un sobre de mayor tamaño que el de los demás).
Los miembros de la comisión.
Familiares, vecinos y amiguetes de los miembros de la comisión.

Por supuesto hubo protestas airadas de los rechazados, pero fueron convenientemente contestadas por la rápida intervención de la F.L.I.P.PA.(Future Law and Inteligency Police Paradise Armed), que había sido ya creada para salvaguardar el orden futuro en el vergel.

¿Es gratis la entrada al paraíso?

Decidieron que no. Una vez aceptados en la lista de acceso tenían que abonar una cantidad fija en concepto de costes administrativos y otros gastos diversos. Sin embargo, sacaron unos bonos familiares y unos increíbles descuentos para jubilados.
Curiosamente sólo en el grupo de gente adinerada había algún jubilado.

¿Se podrá volver del Paraíso?

Tajantemente, no. Hubo terribles discusiones al respecto pero fue el Presidente de La comisión quien dictó sentencia: “Alea Jacta Est”. Al no haber entre los comisionados ningún hombre de letras a todos les pareció una frase realmente original y, de hecho, la adoptaron como lema de la operación retorno, aunque nadie sabía muy bien lo que significaba.

Estas y muchísimas cuestiones más fueron solventadas con éxito por C.I.P.O.T.E, quiero decir, por la Comisión, hasta que una mañana el presidente declaró públicamente a través de todos los medios de comunicación existentes: “Estamos Preparados”.
El mundo entero tembló presa de los nervios.

Me temo que…To be continued again…

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos , Retorno al Edén