WordPress database error: [Incorrect DATETIME value: '0000-00-00 00:00:00']
SELECT DISTINCT YEAR(post_date) AS `year`, MONTH(post_date) AS `month`, count(ID) as posts FROM wp_posts WHERE post_date < '2026-04-05 16:22:59' AND post_date != '0000-00-00 00:00:00' AND post_status = 'publish' GROUP BY YEAR(post_date), MONTH(post_date) ORDER BY post_date DESC



Aún no regreso. Sólo quería agradecer todos y cada uno de los comentarios del post anterior y deciros que no me he olvidado de este rincón ni de vuestros rincones. Pronto vuelvo. Mientras tanto os propongo un enlace interesante donde hablan de un tal Gabriel Martín que no sé por qué pero me suena de algo.
Besos y abrazos.

COLECTIVO CANTABRO DE CANTAUTORES “CANTERA”

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[33] Hablaron 


Sabes que has sido para mí algo importantísimo, que cuando estaba realmente caído, el enfrentarme a ti día a día, párrafo a párrafo, sacó lo mejor de mí, y me fui levantando. Al mismo tiempo, me fuiste llevando por caminos secretos, en los que descubrí que había más gente que, como yo, intentaba encontrarse, en este océano de letras y esperanzas. Me tendiste una mano y me hiciste sentir otra vez bueno. Sí, bueno y bello. Descubrí que llevaba la marca, y que era capaz de esculpir las nubes, y de alzar escaleras, y también, si hacía falta, de convertirme en agua. Descubrí de nuevo que era capaz de emocionar, de hacer reír y de hacer llorar, y así sentía que, cuando otros caminantes se asomaban al umbral de nuestra casa, yo ya nunca lloraba solo, ni reía solo.
Has sido muy importante para mí. Por eso ahora, prefiero serte sincero, y dejar que descansemos el uno del otro, porque elijo dejar de verte a convertirte en algo mecánico, hecho por obligación. Porque prefiero que descansemos antes de que desaparezca la magia que te impregnaba.
Y es que ahora, una señora me mira, con su boca de madera abierta de asombro, me mira y me reclama con sus largos dedos sonoros, y me exige todo lo que pueda darle; y es celosa esta señora, y posesiva hasta el extremo, y ahora mismo me quiere por completo, y debo darla el poco tiempo de que dispongo para practicar alquimias.
Puede que dentro de un tiempo, tal vez corto, si mi unión con esta señora consigue engendrar magia, quizás entonces vuelva por aquí de nuevo y la esparza.
Así que no me olvides, porque pienso volver más pronto que tarde.
No me olvides.
Esto no es un adiós, ni un hasta luego.
Es tan sólo una pausa…

Gracias a todos los que os asomasteis por aquí, por leer, por sentir, por pensar y, a veces y sobre todo, por llorar conmigo, cuando hubo que llorar.
Recordad. Es tan sólo una pausa.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[54] Hablaron 


 Los recuerdos son gotas de lluvia en el corazón
Santos Zabala


Fotografía:Mario Fernández

 

 

Pulsa en el “Play” para escuchar la canción o en este enlace para descargarla

Nostalgia y ausencia se han hecho aliados
y abordo este canto para acompasar
fantasmas y nieblas que vienen cantando,
arpegios de lluvia golpeando el cristal.

Y así va pasando esta noche de marzo;
los ojos, cangrejos que van hacia atrás.
Los nombres marcharon, los rostros se quedan
formando este puzzle aún por terminar.
Y cuando acabe de llover, tal vez abra la ventana
para ventilar la casa, cuando acabe de llover.

Recompongo grietas y expío pecados
e invento la frase que debo inventar.
Completo silencios y salto los charcos
que en días pasados no supe saltar.
Y así se eterniza esta noche de marzo;
los ojos, espejos que quieren llorar.
Invento los nombres que no se quedaron
formando este puzzle aún por terminar.
Y cuando acabe de llover, tal vez abra la ventana
para ventilar la casa, cuando acabe de llover.

Parece sencillo, pero es complicado.
No resulta fácil viajar hacia atrás.
Y así te termina esta noche de marzo;
los ojos, cortinas que debo cerrar.
Y cuando acabe de llover…

Lo escribió Gabi y lo guardó en Mis Canciones
[31] Hablaron 


 …y entonces otro azahar sin hache y con sonrisa hará su jugarreta…

Ana María Drack

Tengo los pies mojados. No hay cosa que más odie. He pasado todo el día recorriendo la ciudad buscando algo, no se qué, no me lo explico. Ha sido un impulso idiota, un presentimiento quizás, pero esta mañana cuando desperté algo me dijo en mi cabeza que debía salir a la calle y no me lo pensé dos veces. Es curioso, porque no suelo hacer caso a este tipo de cosas, más bien todo lo contrario. Soy un hombre muy equilibrado y absolutamente racional, tengo mi vida perfectamente organizada: un trabajo magnífico; una familia perfecta; una casa extraordinaria, espaciosa y en pleno centro. Tengo la vida que siempre he querido. No soy dado a fantasías estúpidas ni a falsos sueños. La vida es lo que se toca, lo palpable y lo que se puede contar. Todo lo demás son idioteces que no sirven para nada. Absolutamente para nada, salvo quizás para perder el tiempo.

Marta se ha quedado preocupada al verme salir. Es lógico, no la he explicado nada y eso no es propio de mí. Me ha preguntado si iba a tardar y ni siquiera la he contestado. No podía, no lo sabía. El ilógico impulso que me ha hecho salir de casa tampoco me ha dado a mí explicaciones. Solo sé que llueve desde hace dos horas, y que yo sigo andando por la calle, como un lunático, con los pies mojados. Debería llamarla, pero ¿para qué? Para decirla: “no sé cariño, todavía no puedo volver, ha sido un impulso y no sé por qué pero aún no me deja volver”.¡Joder!,¡Esto es absurdo!
………………………………………………………..
Tengo los pies mojados. No me importa. Llevo todo el día recorriendo las calles y ya hace un par de horas que llueve, pero me encanta la lluvia en mi cara y mi pelo. Hacía demasiado que no llovía y lo echaba de menos. No pienso volver a casa aunque me encuentre realmente cansada. Sé que hoy va a ocurrir algo mágico y especial. Me he levantado con ese pálpito y no pienso no hacerle caso. Al fin y al cabo, si no hacemos caso a la magia que nos regala la vida, para qué sirve vivir. Lo sé desde por la mañana al despertar, hoy va a ocurrir algo maravilloso y yo quiero vivirlo.
……………………………………………………….
¡Mierda de pies mojados! No soporto mojarme, nunca me ha gustado. A ella si le gustaba. A Elena. No me dejaba nunca llevar paraguas, decía que dejarse empapar por la lluvia le daba sensación de libertad. ¡Era preciosa! Tan distinta de Marta. Ella es como yo, pisa firme en el suelo, y hemos construido juntos un espacio seguro y maravilloso. Elena caminaba siempre por las nubes. ¿Cuánto hace que no la veo? ¿Veinte años? ¿Por qué me habrá dado hoy por pensar en ella? ¡Mierda de lluvia!
…………………………………………………………..
No sé que es pero se está acercando. Va a pasar algo; seguro. Tan seguro como el resfriado que tendré mañana si no me seco los pies. No importa, lo noto, el aire mojado está lleno de promesas. Siempre he hecho caso a mis corazonadas y no voy a dejar de hacerlo hoy. Es lo que siempre me reprochaba Miguel, que le hiciese más caso a mi corazón que a mi cabeza. ¡Pobre! ¿Qué será de él? ¿Cuánto ha pasado?¿Veinte años?¿Por qué me habré acordado hoy de él?
……………………………………………………………….
Es curioso, hacía años que no me acordaba de Elena, ¿Por qué hoy?. Me estaré volviendo loco pero incluso me parece estar viéndola, avanzando hacía mi, entre la lluvia.
………………………………………………………………..
Ha sido pensar en él y parecerme que le veía caminando bajo la lluvia a mi encuentro. No. Miguel no pasearía así, empapándose tontamente. Miguel odiaba la lluvia.
………………………………………………………………..
Pero es curioso cuanto se parece, es igual que ella con veinte años más. ¡Si no supiese que es imposible…!
……………………………………………………………….
Se le parece tanto. Es su viva imagen con canas y alguna arruga . ¡Qué guapo era!
……………………………………………………………….
- Buenas noches.
……………………………………………………………….
- Buenas noches
………………………………………………………………
Creo que ya está bien de lluvia. Me está haciendo ver fantasmas. Me voy a casa a secarme los pies

…………………………………………………………………
Es absurdo. Me voy a casa. A ver cómo le explico esta estupidez a Marta. Estoy deseando secarme esta mierda de pies mojados.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos
[29] Hablaron 


El gran árbol y el flexible junco se habían visto nacer el uno al otro. Desde que germinaron sus respectivas semillas en la loma de aquella colina extraordinariamente yerma (completamente yerma se podría decir si no fuese por aquel incipiente árbol y aquel joven junco) no habían gozado de más compañía que la que podían proporcionarse el uno al otro, y la ocasional visita de algún ave migratoria cansada y despistada. Dirán los doctos y documentados que es realmente extraordinario encontrar un junco así, sólo y aislado; bien, es posible; yo no soy docto ni documentado y me limito a trasmitir la historia tal cual me la contaron. Nunca se me ocurrió fijarme en ese dato, de igual manera que nunca cuestioné que pudiera existir la amistad entre un árbol y un junco. Porque eso es lo que me contaron que ocurrió, que juntos soportaron granizos y tormentas, mañanas de sol abrasadoras, heladas y aguaceros; y que todo eso les hizo amigos. Amigos; con toda la fuerza que arrastra la palabra amigos.
El único punto que les distanciaba, era cuando se enzarzaban en eternas discusiones sobre si era más adecuada la táctica de uno o de otro para enfrentarse a los fuertes vientos que, con frecuencia, asolaban su triste colina. Paradójicamente firme en sus convicciones, el junco defendía la necesidad de plegarse ante el viento, de dejarle pasar, de tumbarse si era necesario. Por el contrario, el árbol se empeñaba en que no habría nunca viento que pudiera con sus sólidas raíces, y proclamaba orgulloso ante el junco y ante las aves que a veces acudían divertidas a escucharle, que prefería morir de pie que vivir siempre arrodillado (Él defendía la autoría de esa frase, aunque una insistente garza africana le rebatía insistente afirmando haberla leído en camisetas y posters de seres humanos).
Cuando discutían por aquellas cuestiones, el árbol solía llamar al junco ramita escuálida, a lo que el junco acostumbraba a responder llamándole “alcornoque”. Las hostilidades podían entonces enconarse, hasta llegar al punto de dejar de hablarse días enteros.
En la tercera noche desde que empezara uno de esos periodos de amargo desencuentro, sopló un viento descomunal, como nunca ninguno de los dos había visto. El junco bailó al son del vendaval, plegándose a sus exigencias. El árbol, apretando firmes sus ramas y sus raíces, se encaró contra aquella furia desbocada. Se hizo la oscuridad, ocultando a cada uno la lucha del otro.
A la mañana siguiente el junco se alzó sacudido y conmocionado pero vivo, sólo para descubrir a su lado un gran agujero negro, justo en donde antes el árbol aposentaba sus raíces. Más lejos, al pie de la colina, contempló el tronco tendido y mutilado del árbol.
Sois libres de pensar que esta es la historia de siempre, con la acostumbrada moraleja de ser flexible como el junco y adaptarse a los vientos. Yo también lo pensaría si no fuese porque yo sé que el junco deseó no haber tenido razón, que ni por un instante sintió el orgullo de que se hubiesen demostrado sus teorías, que sólo sintió una inmensa pena cuando vio el nudoso cuerpo de su amigo en el suelo, que se adueño de él la sensación de soledad más absoluta que se pueda sentir, y que, desde ese momento, suplica para que vuelva a alzarse un fuerte viento que lo lleve al lado del único amigo que conoció. En realidad, el junco no acabó nunca arrancado por un golpe de viento, sino que pereció aplastado, víctima de las innumerables patas de un rebaño trashumante a su paso por la solitaria colina. Hay quien dice que al árbol nunca le habría pasado esto.
Os preguntaréis entonces dónde está la moraleja de esta historia. No lo sé, buscadla vosotros mismos, porque yo la desconozco. Puede que no oculte ninguna enseñanza, o tal vez, puede que oculte muchas. En realidad, a mí nunca me gustaron las historias con moraleja.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos
[32] Hablaron 


 …por eso canto arena, roca que luego es multitud del agua buena…”
Silvio Rodríguez

Esta noche hay un baile de caracolas
y de espumas y corales y de esponjas.
En la costa de tu cuerpo hay un océano
dispuesto a erosionarlo ola tras ola.

Y no ceder, incansable, ante la roca,
y quebrar en mil espumas a cada golpe
hasta hacer de tu agreste acantilado
playa en que pueda reposar mi boca.

Y luego anclar en la ensenada de tu vientre,
al abrigo de los vientos y tormentas,
reparar allí mis naves y mis fuerzas,
para juntos poner rumbo a mar abierto.

Ya no quiero más galerna que tu abrazo,
ni preciso ya más viento que tu aliento,
ni más sal que tu sudor entre mis dedos,
ni más marea que seguir tu movimiento.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[30] Hablaron 


El cielo y yo nos resquebrajamos el mismo día. Puede que la grieta que sesgó por la mitad la bóveda celeste, comenzase a abrirse un segundo antes que la que partió mi pecho, pero la rotura fue casi simultánea. No sé cual me causó más espanto, ni cual me produjo más dolor, pero recuerdo una sensación como de vaciarme por dentro y, a la vez, un llenarme de vértigo. Incapaz mi cerebro de absorber lo que mis ojos le chivaban, quebró por completo mi cordura y grité. Grité, y con mi grito vertí fuera de mí la poca razón que pudiera quedarme. Luego quedé en silencio. Permanecí callado incluso después de que la grieta que rajó el cielo, desde levante a poniente, comenzase a recomponerse por si misma, reparándose desde el oeste al este, hasta cerrarse de nuevo delante de mis ojos, como si nada hubiese pasado. Quedé a la espera, intuyendo que el mismo proceso reparador podía producirse también en mi interior. Pero no hubo milagro, sólo silencio, un silencio eterno que se apoderó de mi boca y se hizo dueño de mis días, mis meses y mis años.
Afuera nadie notó nada, ni siquiera tú viste el extraño fenómeno que se había producido ante nuestros ojos, así que ni mucho menos percibiste que dentro de mí se había abierto una hendidura que ya nunca se cerraría.
Dijiste adiós tranquila, segura de ti, como siempre, como si no se acabase de romper delante de nosotros el mismísimo cielo.
Ahora yo estoy aquí solo, extraño, a la espera de que tal vez, como aquel día se curó aquella herida en el cielo, pueda empezar a cerrarse, por fin, esta grieta que me parte en dos el pecho.

Ernesto Jaire
MArzo 1995

Esta es, aparentemente, el segundo texto en orden cronológico de los que llegaron a mi poder.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Cartas de Ernesto Jaire
[23] Hablaron 


La primera vez se asomó entre dos brujas que lanzaban al aire sus estúpidas risas desencajadas. Se reían por obligación. El proceso mental que las llevaba a reír debía ser algo así como:

es sábado + es por la noche + es carnaval + vamos disfrazadas = nos reímos.

Y se reían. Se reían como locas, aunque mirándolas detenidamente te dabas perfecta cuenta de que no sabían muy bien de qué se estaban riendo. Entre carcajada y carcajada miraban nerviosas para todas partes intentando asegurarse de que todo el mundo en el pub era consciente de que ellas se reían. Por supuesto, al resto de la gente no parecía importarle demasiado si las integrantes de aquel pequeño aquelarre se divertían o no. Sólo yo, con mi disfraz de “hombre normal acodado en barra de bar preguntándose por qué demonios no se ha quedado en casa” las prestaba alguna atención entre sorbo y sorbo de cerveza.
Lo primero que pensé al ver aquel rostro entre las dos hechiceras fue que detrás de ellas había un espejo. No era así. No obstante estaba seguro de no haberme equivocado: había visto claramente mi rostro observándome de frente entre aquellas dos caras. Ahora, sin embargo, aquel rostro que era el mío había desaparecido. Cerré los ojos con fuerza para volver a abrirlos, con la intención de enfocar mejor, pero sólo vi a las supuestas brujas malvadas atragantándose en su risa artificial. Mi cara reapareció detrás de un grupo de antiguos egipcios, para lanzarme una sonrisa enigmática y luego ponerse de perfil. Avancé hacía donde había visto a mi imitador, pero cuando llegué hasta él y le di la vuelta, sólo la cara de un indio del salvaje oeste me observaba con extrañeza. Debí caerle bien, porque acto seguido se abrazaba a mí mientras entonaba la danza de la lluvia. Casualmente, en la calle, el cielo se rompió y comenzó a llover. Intentaba zafarme de mi nuevo amigo piel roja cuando me vi salir a mi mismo por la puerta del pub, a la lluvia. Yo, quiero decir él, se detuvo un instante en el umbral de la puerta para mirarme y volver a sonreírme. Para entonces mi paciencia con el sioux que se empeñaba en hacerme su hermano de sangre se había terminado, así que me libré de él con un empujón. Tristemente, al empujarle, le hice chocar y derramar las copas de cuatro miembros del séptimo de caballería, que vieron la ocasión perfecta de resarcirse de “Little Big Horn”. Ahora siento de veras haber adelantado la extinción de mi amigo salvaje, pero en aquel momento sólo pensaba en perseguirme y en averiguar quién o qué se escondía detrás de aquella máscara.

Atravesé una tripulación completa de piratas, tropecé con un pingüino y tuve que escuchar los insultos de las dos brujas, pero conseguí, al fin, agotado y magullado, alcanzar la puerta. A unos doscientos metros, mi propia sombra se alejaba, despacio, calle abajo. Procuré no precipitarme; no quería asustar a quien quiera que fuese, y que echase a correr. Tendría, más o menos, mi misma estatura, mi mismo ligero andar encorvado, e incluso, imitaba a la perfección la pequeña cojera de mi pierna izquierda. Le perdí de vista al doblar la esquina. Apresuré mi paso por miedo a que aprovechase entonces para echar a correr. Sin embargo él no tenía ninguna intención de alejarse, sólo me estaba esperando. Al final del estrecho callejón en el que se internó pude distinguir, aguardando, mi propia silueta. Me acerqué con cautela, muy despacio, entre paso y paso parecía esfumarse un siglo. Sólo oía nuestras dos respiraciones, más agitada la mía por la reciente carrera, y a lo lejos, muy a lo lejos los gritos y los ruidos del carnaval. Él no se movía mientras yo seguía avanzando. Yo quería alcanzarle y él quería que le alcanzara. No voy a negar aquí que tuve miedo, mucho miedo, pero la curiosidad era mayor. Si lo que estoy contando fuese una película, este sería el momento en que todo el público pensaría: “vete de ahí, imbécil, ¿no ves que están poniendo la música de miedo y que viene el susto?”. El imbécil siguió avanzando, a pesar de que todo el patio de butacas ubicado en su cabeza, gritaba que saliese huyendo.
Al final, conseguí colocarme a apenas veinte centímetros de distancia…

A Partir de aquí viene el primer final propuesto, por obra y gracia de mi humilde pluma. Quedáis invitados a añadir nuevos finales en los comentarios y yo les iré añadiendo. Posibles apoyos a los finales, comentarios denigrantes al autor, o lo que sea en los comentarios ;)

FINAL 1: GABI
Abrí la boca para hablar, pero mis propios labios que eran los suyos, me exigieron silencio, besando su dedo. Alcé mi mano entonces hacia su rostro, hacia la oreja, hacia donde yo sospechaba que comenzaba aquella máscara burlona y cruel que me imitaba. Tiré con fuerza, él no hizo ningún gesto de dolor pero tampoco conseguí, como esperaba, quedarme entre mis dedos con ningún tipo de careta. Ahora sí tenía miedo, un miedo atroz. Sin embargo no eché a correr. Ahora fue él quien levantó la mano y la acercó a mi oreja, me agarró por ella y tiró, con fuerza, firme. Grité, pero no de dolor. Grité de sorpresa al ver que de mi rostro se separaba una fina capa de piel, como formando una máscara. Él la sostuvo unos segundos interminables entre sus dedos, luego la arrojó a un charco sin darla importancia y se alejó. Tal vez debería haberle seguido pero estaba paralizado por la sorpresa, y además tenía la firme convicción de que seguirle no serviría de nada: fuese quien fuese su trabajo estaba hecho. Al cabo de unos minutos, me di la vuelta y comencé a andar calle arriba, asustado aún pero distinto, confundido pero renovado.
Quizás, después de muchos años, era la primera noche de carnaval en la que, a pesar de haber salido de casa sin disfrazar, volví sin llevar puesta ninguna máscara.

FINAL 2: DUDA DESNUDA
Abrí la boca para hablar, pero mis propios labios que eran los suyos, me exigieron silencio. “Soy tu fantasma”, me dijo. Tuve miedo y lo notó. “No, no estás muerto. Es mentira lo que cuentan, todo es mentira. Como estos carnavales. Disfraces, engaños, risas sin sentido”. No podía hablar, a él parecía no importarle porque siguió con su discurso. “Algunos nos confunden con ángeles. Tonterías. Nacemos juntos, sólo que uno tiene una vida real y otro una vida en otro plano, es por eso que algunas personas pueden adelantar sucesos o hablar con muertos o ser genios en matemáticas, música o lo que quieras. Yo estuve oculto hasta hoy pero necesité que me conozcas y acá estoy. Tu vida seguirá igual, no serás genio ni adivino ni nada. Sabrás algo más que no te ayudará, (salvo que a la bruja más bonita le gustabas), mañana culparás a la cerveza y por la noche escribirás un cuento y que otro comenzó”. Me dio una palmada en la espalda y se alejó. Tal vez debí haberlo seguido, pero seguía mudo y paralizado además tenía la firme convicción que seguirle no serviría de nada. Di la vuelta y comencé andar calle arriba, ya sin miedo. Quizá, después de muchos años, era la primer noche que me sentía libre, después del temor sentí la insignificancia de aquel encuentro, volví al pub, tal vez la noche no estuviera perdida todavía y pudiera encontrar la hechicera más bonita.

FINAL 3: ELEN también conocida como Aceite de Soja

Al final conseguí colocarme a penas veinte centímetros de distancia y lo que vi me dejó un tanto descolocado..” pero ¿qué demonios? estaba delante de mi doble, era realmente yo?” …mis ojos recorrian su rostro que era exactamente igual que el mío y tenía una expresión entre asustada y divertida…

¿Sorprendido? dijo de repente.

Su voz era más grave que la mía y cuando hablaba torcía ligeramente la boca hacia la derecha. Yo no podía articular palabra debido quizás a que los vapores etílicos ya hacían efecto en mi consciencia así que lo único que logré hacer es mover la cabeza ligeramente.

Rodolfo…( cielos, sabía mi nombre!!! ) sé que lo que te voy a contar te parecerá increible, no tenemos tiempo y debes saberlo…. tu y yo…somos un experimento de clonación alienígena en fase muy avanzada, llevamos un chip que genera recuerdos inmediatos y por eso no nos acordamos de nuestro pasado….yo logré quitarme el mío y estoy buscando a los 2000 clones que hay repartidos por el mundo iguales a nosotros….Rodolfo…nos tienen programados para dominar el mundo a base de volver loca a la gente con la televisión basura y sudokus imposibles de terminar.

Ni que decir tiene que yo estaba alucinado, pero …todo empezaba a cobrar sentido, yo trabajaba en la televisión y cuando no acabas un sudoku te pones de muy mala leche “que pa qué”..pero¡¡ 2000 como yo ¡! Eso ya me parecía raro..con lo torpe que soy, para dominar el mundo necesitaríamos el triple de clones.pero bueno…dominar el mundo..d.o.m.i.n.a.r e.l.m.u.n.d.o  .sonaba tan bien en mi cabeza.que…

-Lo siento chaval pero nada debe entorpecer la misión. No debiste quitarte el chip.-le dije sin pestañear-

Lo agarré del cuello y lo único que pudo decir el pobrecillo fue : …que te den!!

Después de muchos años era la primera noche que no me sentía solo, éramos 1999 clones como yo unidos para una gran causa: dominar el Mundo. Jajaja ( risa tenebrosa)

Así que las noches de carnaval, cuando veas algún programa del corazón o cuando no logres acabar aquel sudoku aun haciendo trampas, piensa que cada vez queda menos para nuestra victoria.

Fin.

FINAL 4: HELIOPOLIS
Llegué a alcanzar a mi sombra. Se giró y me guiñó con una sonrisa burlona. Mientras se regodeaba con mi sorpresa, me puso una mano en el hombro y me dijo: No te volveré a ver nunca más, y tú a mi tampoco. Te he acompañado siempre pero soy sólo pasado. Ahora tendrás que crear tu propia sombra. La vas a llenar de nuevas penas e ilusiones, de buenas acciones y de maldades. De soledad y compañía.

Cuando quise preguntarle algo me tapo la boca con su dedo índice. Y prosiguió: No eres el único que ha perdido su sombra y tiene que volver a recuperarla. Pero recuerda, ahora volveras donde estabas y te encontraras a las dos brujas de nuevo. Son la misma persona, pero desdoblada. Puedes caer en el hechizo pero sabes que tendrás siempre las dos caras, la buena y luego la mala. Te preguntas este orden. Es simple, si inviertes el orden sólo conoces una cara, y no tendrías oportunidad de recuperar tu sombra. Tampoco de perderla

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos , Relatos Interactivos :)
[24] Hablaron 


Sigo bailando mientras haya que bailar,
mientras la vida siga marcando el compás.
No sé muy bien dónde me lleva este interminable vals,
tal vez a donde nunca quise estar.

GM 

He tardado mucho tiempo en descubrirlo, pero ahora estoy seguro. La vida tiene ritmo. Esta afirmación tan sencilla que parece sacada de la campaña publicitaria de algún refresco, (puedo incluso imaginar el anuncio televisivo, con montones de jóvenes desenfadados y alegres, exhibiendo una felicidad estúpida, ostentando sus dentaduras irreprochables en un mundo refrescante y perfecto: bebe chachi-cola y serás como nosotros, uno de los nuestros; la vida tiene ritmo) encierra para mi un significado aterrador. Es difícil decir cuándo y cómo descubrí el verdadero ritmo vital. Al principio sólo lo intuí, como se intuye el cambio de clima o las tormentas, con esa certeza que no puedes explicar pero a la que te rindes ciegamente; luego llegué a postularlo con total exactitud y acierto: La vida percute respondiendo a un tiempo y a un compás, exactos y matemáticos. La combinación de estos dos elementos es lo que ha hecho que haya resultado tan difícil hasta ahora descubrir que nuestras vidas se guían por una secuencia rítmica establecida.

Sé que tu rostro estará marcado en este instante por un gesto escéptico, y que la incredulidad se estará abriendo paso ahora mismo por tu cerebro, pero mi afirmación es el resultado del análisis y la observación: ¿Cuánto tiempo le has dedicado tú a analizar tu vida últimamente?, ¿cómo esperas entonces adivinar los golpes, a intervalos regulares, con que la vida marca el ritmo? La vida golpea, no lo dudes, a veces en un “allegro” desbocado (este es fácil de adivinar y clasificar), a veces pausadamente, “pianísimo”, las percusiones vitales pueden entonces tardar años en repetirse, y la aguja del metrónomo parece paralizada en un extremo, sin llegar a iniciar nunca su inevitable viaje al lado opuesto.

Los golpes no son siempre de la misma intensidad. A veces son fuertes, a veces apenas perceptibles, y ningún ser humano tiene el mismo ritmo que otro, porque la variedad de combinaciones es prácticamente infinita. La gente nace, vive y muere sin ni siquiera imaginar que sus idas y venidas, sus preocupaciones, sus alegrías y sus miserias, sus llantos y sus risas, están sujetas a un ritmo marcado e inapelable.
Tal vez sea lo mejor, porque yo lo he descubierto, porque yo tengo el absoluto convencimiento de que ese ritmo es tan cierto como la sangre que pulsa en mis venas, y esto no me hace sentir mejor. Porque yo he encontrado la pauta, sé el tempo exacto y la intensidad, sé que la vida golpea y sé, exactamente, cuando, y esto no me hace sentir más dueño de mi camino; todo lo contrario, me hace sentir tan sólo como el cordero a sacrificar, a la espera de algo que sé que vendrá pero no sé en que forma. Me siento como el actor en una mala película cuyo guión no puede cambiar. ¿O sí? Últimamente vengo dándole vueltas a esta idea: tal vez se pueda alterar el ritmo. Tal vez valga la pena intentarlo. Tal vez, aunque no creas esta teoría aparentemente descabellada, deberías pararte a intentar encontrar el ritmo de tu vida, el golpeteo sonoro y constante que guía tus pasos en el día a día. Sí, tal vez debieras hacerlo, porque puede que no des con el compás y el tiempo exacto, puede que no los encuentres, puede que no existan, puede que me lo haya inventado todo, pero deberías buscarlos porque tal vez, sólo tal vez, buscando ese ritmo absurdo e inconcebible, encuentres que la vida, entre golpe y golpe, es una melodía afinada y dulce que si escuchamos bien, nos regala sus mejores notas.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[23] Hablaron 


Ernesto Jaire murió solo. En una cabaña perdida, en una montaña oculta del norte. Allí fue a pasar sus últimos días por propia voluntad. Tiempo después de que su cadáver fuese encontrado por unos montañeros, entre los que se encontraba uno de mis más queridos amigos, éste me hizo llegar la colección de escritos y cartas nunca enviadas, con los que Ernesto entretuvo sus últimos días. Me permito reflejar aquí algunos fragmentos de esos textos, como pequeño homenaje al corazón de un hombre al que no conocí, pero al que he aprendido a admirar a través de sus letras. Tal vez porque cuando le leí, creí estar parado delante de un espejo. Porque él es lo que yo he sido y ya no soy, o tal vez lo que quise ser y no pude, o lo que nunca seré, o quizás lo que temí haber sido. El caso es que él, es siempre yo, pero yo no soy él ahora. Él murió, yo escribo y sigo vivo.

 

Coronaba febrero sus últimos peldaños, abrigados sus días, entre nieves y ventiscas, irritada y roja su nariz inexistente de mes escaso y segundón. -Yo nunca querría ser febrero-  recuerdo que decías, más para ti que para mi, más para tu cerebro que para mis orejas, taponadas y embotadas éstas por el puro frío.Y de ese febrero a este febrero, se ha formado un universo de ausencias y distancias, y ahora que el mes que nunca fuiste, escala perezoso nuevamente, yo, que tampoco quise nunca ser febrero, como él me siento ahora, nunca acabado del todo, como si algo me faltara para ser completo, y, ¿cómo decirlo?, como a la espera, como con el corazón sujetando entre las manos un aviso de desahucio. Y tú, tú siempre fuiste abril, y como abril te fuiste, forjando primaveras a tu paso, y dejándome congelado en este invierno, que se ha enquistado ya, y que, obcecado, pretende ser perpetuo.

Ernesto Jaire Febrero 1995

Este es el primer texto que leí de Ernesto. En él parece acusar la ausencia de alguien a quien sin duda debió amar. Las causas de la separación no quedan claras en sus textos, pero sí se puede deducir que tal vez fuera esta ausencia, el desencadenante del aislamiento que posteriormente acabó con su vida.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Cartas de Ernesto Jaire
[28] Hablaron 

« Previous PageNext Page »