WordPress database error: [Incorrect DATETIME value: '0000-00-00 00:00:00']
SELECT DISTINCT YEAR(post_date) AS `year`, MONTH(post_date) AS `month`, count(ID) as posts FROM wp_posts WHERE post_date < '2026-04-05 18:58:29' AND post_date != '0000-00-00 00:00:00' AND post_status = 'publish' GROUP BY YEAR(post_date), MONTH(post_date) ORDER BY post_date DESC



Ojalá que en tus pupilas no haya llanto,
ojalá que no haya llanto en mis pupilas,
porque el dolor que nos dolió ya rompió filas
y lo que había que llorar ya está llorado.

Mariposas de esperanzas que han volado
sobre los páramos congelados y sin risas,
aguantaron el dolor de sus heridas
y en la ventana de tus ojos se posaron

y han inundado los valles de certeza,
anegando las dudas del invierno
en un sendero de futuro que ya empieza.

¡Que esta nieve que hoy puebla mi cabeza
no nos traiga ya más llantos de febrero!
Si hay que llorar, llorar, pero llorar estrellas.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[21] Hablaron 


 A todas los Principes y las Princesas que besan ranas sin esperar nada a cambio. ¿Hay alguno?

El Señor rana estaba cansado de ser besado por princesas ilusas que creían que podían convertirle en un príncipe azul.
No servía de nada avisarlas de antemano, nunca atendían a razones. Se esforzaba, inútilmente, croando con todas sus fuerzas, tratando de advertirlas: ¡Soy una rana!, ¡Sólo soy una rana!, ¡No soy lo que esperas! Pero era en vano, sus desesperados gritos sólo sonaban en los oídos de las princesas como el croar de una rana asustada. Sus palabras, claras y razonables, se perdían en la oscuridad de la noche, como un sonido más entre los muchos que poblaban su querida charca.
Invariablemente, siempre terminaban por conseguir acercar sus labios de rana a aquellos otros labios, carnosos, de melocotón unas, de fresa otras. Labios suaves y llenos de vida, anhelantes de besos más calidos que los de una pobre rana.
Pero no era el beso en sí lo que le molestaba.
Era la decepción pintada en los ojos de las princesas, y la angustia y la tristeza, inconsolables, de no haberlas podido dar lo que ellas necesitaban cuando, después del beso, nunca pasaba nada.
Ellas acababan por limpiarse los labios con mueca de asco.
Te lo advertí, pensaba, sólo soy una rana. No soy lo que esperabas. Lo siento.
Y se escapaba de un salto, hacía su charca de rana, esperando que ninguna otra princesa le confundiera con lo que no era y nunca había pretendido ser.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos
[18] Hablaron 


 “Partir de cero, mirar con ojos nuevos,
dejarse mojar por un tórrido aguacero.
Partir de cero, convertirte en un ser nuevo,
volver a disfrutar del sabor de un caramelo.”

Pedro Martínez

Hoy desperté con la extraña sensación de que ayer no era ayer, sino mucho más atrás en el tiempo.
No reconocí a la mujer que dormía a mi lado y salté de la cama asustado. Ella no se despertó. La miré despacio, estudiándola; había algo vagamente familiar en ella, pero no conseguía saber quién era, ni que hacía yo en su cama, ¿o ella en la mía?. Me asusté cuando incorporó la cabeza, me miró a los ojos con los suyos aún somnolientos, me sonrió y me tiró un beso. Luego, dejó caer la cabeza nuevamente sobre la almohada, y siguió durmiendo. Era una mujer realmente preciosa: morena, de cara y de pelo, rasgos suaves y proporcionados, sin duda mayor para mí. Dormida sin embargo, tenía el aspecto de una niña desprotegida, y daban ganas de acariciarla el pelo, y velar su sueño.

No tuve tiempo. Antes de posar mi mano sobre su mata de pelo negro, reparé en el espejo. Desde él me miraba con ojos de asombro y desconcierto, un perfecto desconocido. Era un hombre adulto, de unos treinta y tantos años, pelo largo absolutamente despeinado, como si se acabase de levantar de la cama. Me acerqué despacio mientras él hacía lo mismo, con tanto miedo como yo. Me encaré con él mientras seguía todos mis movimientos detrás de la frontera de cristal. Mi mano y su mano se movían al compás sobre la superficie del espejo. Este eres tú, me dije.
Me costó reconocerme, pero era yo. Algo más grueso, pequeñas arrugas alrededor de los ojos, estos enmarcados por pronunciadas ojeras, ¿más grande la nariz?. Me fijé en todos esos detalles de mí que no conocía y adiviné en mi propio rostro el paso del tiempo.
Ella despertó.
- Como te quedes mucho rato más embobado delante del espejo vas a llegar tarde.

Me di la vuelta.- ¿A dónde? - respondí. Graciosillo. -Respondió ella.

Iba a continuar hablando, a explicarle que mi pregunta no era ninguna broma, que estaba totalmente aturdido y que no entendía nada., pero me interrumpieron. Desde otra zona de la casa una voz infantil se apoderó de la conversación naciente.
- Papi, ¿puedo ir a tu cama?
Esperé durante un buen rato a que alguien contestase pero no hubo más que silencio. Al poco rato la voz volvió a sonar, esta vez más apremiante:
-¡¡Papii!!
Acerté a balbucear un sí, mientras interrogaba con la mirada a la mujer morena tumbada en la cama. Ella preguntó ¿qué te pasa? Nada, contesté yo, totalmente descolocado.
A los cinco segundos, por la puerta de la habitación aparecieron un niño y una niña pequeños; la niña, más mayor, tenía el pelo liso y largo y una cara de inocencia absoluta, se acercó a mí y me dio un beso, luego se abalanzó sobre la cama. El niño, casi con los ojos cerrados, caminaba aún medio dormido, dándole la mano a un oso de peluche. Me pidió que lo cogiese, extendiendo los brazos hacia mí y poniendo carita de pena. Era realmente precioso. Al cogerle, me sonrió con cara de pillo. Le llevé a la cama.

Me les quedé mirando a los tres, sin ser capaz de moverme, absorto en sus sonrisas y en sus palabras. Nuevamente fue ella quien me sacó de mi aturdimiento. - ¡Qué llegas tarde, vago!. Las palabras expresaban reproche, pero el tono de su voz reflejaba un cariño y una ternura que me abrumaron.
Salí de la habitación y encontré el baño. Me aseé. Regresé al cuarto y me vestí con la primera ropa que encontré rebuscando en los cajones. Mientras me vestía pensé que en algún momento de mi vida, el tiempo parecía haber empezado a correr como un caballo desbocado, y que ahora, parecía haberse detenido.

Ella se había levantado ya, los niños también se estaban vistiendo.
La pregunté: ¿Dónde tengo que ir?
Me miró. Yo me perdí en sus ojos. Ella me besó. ¡Mira que eres tonto! -dijo-. Y volvió a besarme. Yo supe en ese momento que me acababa de enamorar.
Fuimos juntos a la cocina, seguidos de los niños que discutían sin parar. Conseguí que dejaran de hacerlo, hablándoles, preguntándoles sus nombres. Ellos, extrañados al principio, pensaron que se trataba de un juego. Y me contestaron.
Me sorprendió su inteligencia y el cariño que parecían tenerme.
En algún momento pasó por mi cabeza que debía estar a punto de despertar de aquella pesadilla, ¿o era un sueño?. Cada minuto que transcurría me encontraba más a gusto entre aquella gente que parecía ser mi gente y, es curioso, pero no disponía en mi cabeza de ningún otro recuerdo. Nada que echar de menos. Nada que añorar.
Algo se abrió paso en mi cerebro, tímidamente al principio, claro y contundente luego.
Eran unos versos:

“Partir de cero, mirar con ojos nuevos,
dejarse mojar por un tórrido aguacero.
Partir de cero, convertirte en un ser nuevo,
volver a disfrutar del sabor de un caramelo.”

Y supe que todo estaba bien.
Y comencé a redescubrirlo todo.
Con ojos nuevos.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos
[24] Hablaron 


Leer la última parte sin haber leído previamente la primera y la segunda puede producir urticarias, ardor de estomago y malestar general.

Cuando se supo que todo estaba ya dispuesto arreciaron las quejas y protestas de los no admitidos. La F.L.I.P.P.A. se empleó con contundencia pero no cesaron los disturbios hasta que alguno de los protestantes, con una aplastante lógica, realizó el siguiente discurso:

¡Compañeros! ¡Compañeras! ¡No nos alteremos!. ¡Cuando ellos se marchen al Edén, esto va a ser el paraíso!.

Así cesaron los problemas, con más de media humanidad deseando que se fuera el resto.

Todo estaba ya dispuesto.

Fue entonces cuando un niño de cinco años preguntó a su padre, lleno de candor e inocencia, ¿y por dónde se va al paraíso?. El padre, al darse cuenta de que desconocía la respuesta, mando un escrito a La Comisión solicitando información. La información no llegaba. Como un reguero de pólvora, la inquietud se fue trasmitiendo por toda la tierra, y la pregunta “por dónde leches se va al paraíso?” fue corriendo de boca en boca, hasta que se convirtió en un enorme grito al unísono que los comisionados no pudieron ignorar por más tiempo.

En una comparecencia histórica, con múltiples patrocinadores publicitarios, el Presidente de C.I.P.O.T.E. y toda su junta directiva se presentaron ante el planeta y respondieron: “No tenemos ni idea. El Ángel del Señor nos comunicó la decisión de Dios de permitirnos regresar pero, lamentablemente, no dio más indicaciones”.
Al saberse la noticia, cada hombre, mujer o niño que había sido excluido del éxodo; cada hombre, mujer o niño que no había querido participar, estalló en una sonora carcajada que alcanzo dimensiones universales. Según comentó, más tarde, Alexander Piort Kalchenco, astronauta ruso que orbitaba en ese momento el planeta, “parrrecía que la tierrra enterrra se parrrtía de la rrrisa”.
Entre los futuros habitantes del paraíso la decepción fue descomunal.

Todas las miradas se volvieron a las autoridades religiosas que iniciaron arduas polémicas las unas con las otras, acusándose, los unos a los otros, de no haber sabido interpretar los designios del Altísimo. Los católicos acusaban a los protestantes, los musulmanes a los cristianos, los ortodoxos a los judíos, los judíos a los musulmanes y los protestantes protestaban de todos ellos.
Florecieron profetas por todo el planeta, y las sectas hicieron el agosto reclutando nuevos fieles.

Cuando todos consiguieron ponerse de acuerdo, acordaron elevar una oración conjunta al Dios omnipotente para que enviase una señal indicando el camino a seguir. La redacción de la plegaria fue una tarea ímproba, de constantes tiras y aflojas entre los principales teólogos de todas las tendencias pero al fin, estuvo redactada.

Se organizó una expedición al Everest con el fin de recitar allí, más cerca del cielo, la dichosa plegaría. Algunos propusieron simplemente subir en avión lo más alto posible y allí implorar la señal divina, pero la mayoría prefirió lo del Everest porque quedaba así como mucho más de penitencia.
Dos semanas y seis serpas muertos más tarde la expedición regresaba a casa con los deberes hechos.
Pero la humanidad siguió sin señales divinas.

Desde una nube, Gabriel lo observaba todo consternado.
Estaba totalmente prohibido dar señales Divinas sin permiso expreso del Jefe.
Y el Jefe estaba durmiendo.
Y el Jefe tenía un despertar de mil demonios (realmente chocante).
El último que despertó al Jefe fue un tal Luzbel, y contaban que no ascendió mucho en el escalafón precisamente.
Así que Gabriel pensó que él podía esperar instrucciones perfectamente, hasta que el Jefe se despertase sólo, y que la humanidad tendría, en consecuencia, que esperar también. Al fin y al cabo, ¿qué son unos cuantos siglos más en la vida de un hombre?.
Y sin darle ya mayor importancia sacudió sus alas, sacó su lira y comenzó a tañir melancólicamente.

This is …The End my Friend.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos , Retorno al Edén
[24] Hablaron 


 Las autoridades del blog advierten que leer este post sin haber leido previamente el anterior puede acarrear problemas de incomprensión

La comisión recibió el nombre de C.I.P.O.T.E. (Comisión Internacional Planetaria Organizadora del Traslado al Edén), alguien se dio cuenta de que en los países de habla hispana el nombrecito se las traía, pero para entonces ya habían hecho carteles y publicidad en los periódicos, y los comisionados de otras lenguas dijeron que tampoco era para tanto y que, al fin y al cabo, si usaban la versión inglesa: Planetary International Translate Organization for the reTurn to the Eden (P.I.T.O.T.E) no habría mayor problema.
Al final se la conoció en todo el planeta como “La comisión” o “The comission” para abreviar.

Entre aquellos preclaros hombres y mujeres, que fueron designados por la humanidad para guiarla en su retorno al paraíso había, por ejemplo, abogados y economistas; diplomáticos y empresarios; constructores y políticos; algún obispo y jerarcas de todas las religiones existentes. En definitiva, lo mejor de cada casa. No había en la lista de prohombres ni filósofos ni poetas, al fin y al cabo, la razón como tal había quedado muy desprestigiada después de un hecho milagroso del calibre del que había acontecido, y la poesía, como es bien sabido, no sirve para gran cosa.

La comisión tuvo que resolver asuntos realmente espinosos.
Enumerarles todos aquí sería realmente tedioso, pero sí me permitiré relatar algunos ejemplos.

¿Está permitida a cualquiera la vuelta al paraíso?

Tras arduos debates se decidió que no. Para poder ser incluido en la lista de retorno al vergel de Adán y Eva, era necesario rellenar cerca de 50 formularios diferentes, adjuntar currículum vitae, fotografías de cuerpo entero, de frente y de perfil, certificado de penales, etc. Como dijo justificándolo el Presidente de la Comisión: “Se trata del Paraíso, Señores. No vayamos a llenarlo de gentuza”. De todas las solicitudes presentadas fueron rechazadas una ingente cantidad. Los motivos argumentados para el rechazo de la solicitud eran de lo más variopinto: desde el “lo sentimos pero no da el perfil físico deseado” al “no alcanza el cociente intelectual requerido” pasando por el más habitual “su currículum vitae no satisface nuestras exigencias”. Así pues la lista de admitidos se fue llenando de:

Supermodelos inteligentísimas/os.
Supermodelos tontísimas/os.
Cualquiera que fuese Supermodelo.
Gente adinerada.(que no se sabe bien por qué solían presentar un sobre de mayor tamaño que el de los demás).
Los miembros de la comisión.
Familiares, vecinos y amiguetes de los miembros de la comisión.

Por supuesto hubo protestas airadas de los rechazados, pero fueron convenientemente contestadas por la rápida intervención de la F.L.I.P.PA.(Future Law and Inteligency Police Paradise Armed), que había sido ya creada para salvaguardar el orden futuro en el vergel.

¿Es gratis la entrada al paraíso?

Decidieron que no. Una vez aceptados en la lista de acceso tenían que abonar una cantidad fija en concepto de costes administrativos y otros gastos diversos. Sin embargo, sacaron unos bonos familiares y unos increíbles descuentos para jubilados.
Curiosamente sólo en el grupo de gente adinerada había algún jubilado.

¿Se podrá volver del Paraíso?

Tajantemente, no. Hubo terribles discusiones al respecto pero fue el Presidente de La comisión quien dictó sentencia: “Alea Jacta Est”. Al no haber entre los comisionados ningún hombre de letras a todos les pareció una frase realmente original y, de hecho, la adoptaron como lema de la operación retorno, aunque nadie sabía muy bien lo que significaba.

Estas y muchísimas cuestiones más fueron solventadas con éxito por C.I.P.O.T.E, quiero decir, por la Comisión, hasta que una mañana el presidente declaró públicamente a través de todos los medios de comunicación existentes: “Estamos Preparados”.
El mundo entero tembló presa de los nervios.

Me temo que…To be continued again…

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos , Retorno al Edén
[19] Hablaron 


Cuentan que Dios despertó de una larga siesta y, después de desperezarse, posó su divina mirada en la tierra. Fue apenas un segundo, después de todo, otros asuntos más urgentes en otros mundos que tenía apenas empezados, precisaban mucho más de su atención.

En ese escaso segundo cuentan que Dios se apiadó del hombre, al que recordó haber expulsado del paraíso por un quítame allá esas pajas, y decidió, omnipotente él, devolverle al jardín del Edén.
Llamó a Gabriel, arcángel anunciador por excelencia, y le encargó la misión de comunicar la buena nueva a los hombres. Gabriel se guardó para sí su propia opinión, (al Jefe no le gustaba ser contrariado), y se dispuso a cumplir la misión encomendada.
Tras verle marchar, Dios decidió que todavía era temprano y que aún le daba tiempo a dormir algún Siglo más. Omnisciente él, sin embargo, olvidó otra vez poner el despertador.

En los días sucesivos, los más importantes lideres mundiales, los patriarcas de todas las religiones, los máximos gurús de todas las sectas, los directores de todas las cadenas de televisión, los presidentes de todos los clubs de futbol y , en definitiva, todos los que son algo en la tierra, recibieron la visita del Ángel Anunciador.

Esta visita sobrecogió y desconcertó a todos. Aumentó el desconcierto inicial el hecho de que el Arcángel, ausente durante tantos siglos, empezase siempre el discurso en Hebreo, y tuviese que recurrir, inevitablemente, una vez empezada la perorata a un Ángel Traductor Automático.

Un año después de la primera aparición, (que tuvo lugar en el despacho oval de la Casa Blanca y que el enviado del Señor aprovechó para dar unos golpecitos en la espalda al Presidente del mundo libre, y así salvarle de morir atragantado por una galletita salada; algunos comentaron que, de haberse producido años atrás, la aparición podría haber resultado mucho más embarazosa) todos los destinatarios del mensaje le habían recibido ya.

La tierra se puso en marcha.
Se formaron comités, se hicieron congresos, forums, conferencias, campañas publicitarias tremendamente agresivas; todo ello con el fin de expandir la buena noticia.
Finalmente, y aunque resulte terriblemente sorprendente, tras años de ardua tarea se decidió organizar un referéndum a nivel mundial para decidir sobre el asunto. La cosa cuajo, incluso en países no democráticos porque al voto de los dictadores se les asignó un valor igual mas uno al de su propia población. En esas naciones, encantados de poder votar por fin, nadie protesto. En los países democráticos, por pura costumbre, la cosa fue más sencilla.

En la papeleta que todo hombre y mujer del planeta tendría que introducir en la urna el día de la votación, convenientemente traducido a la lengua oficial del territorio se podían leer (el que supiese) estas opciones:

A.Si, volvemos.
B.Nos quedamos.
C.Si, volvemos pero que dejen la puerta abierta por si no nos convence.
D.Nos quedamos pero vamos allí de vacaciones.

Finalmente, acabado el recuento de los votos, y una vez descontadas las papeletas nulas por defecto de forma (muchos tacharon las cuatro opciones y añadieron una quinta del tipo “que vaya mi Suegra” o “al Edén que le den” o “Sólo si ya podemos comer manzanas”) el resultado fue que cada opción recibió el 25 por ciento de los votos. La humanidad estaba como al principio.
Tras años de debates y campañas, la decisión final fue que cada cual hiciese lo que le dictaba su libre albedrío que para eso estaba.

Un cincuenta por ciento de la población mundial iba a retornar al paraíso. Se constituyó una comisión encargada de coordinarlo todo, y como Presidente de la misma se eligió al Director de una afamada empresa de mudanzas internacionales.

To be continued…

El presente relato está basado en hechos más o menos reales y aún así cualquier parecido con la realidad es pura chiripa.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos , Retorno al Edén
[18] Hablaron 


Era en abril el ritmo tibio
de mi chiquito que danzaba
dentro del vientre un prado en flor
era su lecho y el ombligo y el ombligo
el ombligo el sol.

Juan Carlos Baglietto

Esta canción nació hace diez años ya, cuando ví la primera ecografía de mi hija. Así que no es muy actual, pero se la habia prometido a Esencia y lo prometido es deuda. Espero que os guste.

Gabi

Pulsa en el “Play” para escuchar la canción o en este enlace para descargarla

Debes saber que de pura impaciencia me muero,
imaginando mil ojos, mil labios, mil ceños,
los mezclo en un ciclo de llantos y gestos.
Tu cara no alcanzo por más que lo intento.
Tu cara no alcanzo por más que lo intento.

Debes saber que esperando te arrullo y te duermo,
Y, aunque no sé si me escuchas, cantando te espero
Y así, mientras tanto, yo muero de celos
Cuando ella te nota y yo no te siento.
Cuando ella te nota y yo no te siento.

Mi pequeña Beatriz, mi luz de Abril, mi anhelo,
Tan sólo de perfil tu sombra vi. Te quiero.
Más adelante ya conoceré tus gestos
y los remolinos de tu pelo.

Debes saber que a la noche ya te leo cuentos.
Perdona si alguna vez he faltado al encuentro;
Ya descubrirás que yo no soy perfecto.
Antes de que llegues te lo leo entero.
Antes de que llegues te lo leo entero.

Debes saber que los días se pasan inquietos.
Hay un millón de caricias, de risas, de besos
Pendientes del día en que salgas de adentro.
Hay un mundo nuevo que te echa de menos.
Hay un mundo nuevo que te echa de menos.

Mi pequeña Beatriz, mi sol de Abril, mi sueño,
Tan sólo de perfil pude intuir. Te quiero.
Más adelante ya conoceré tus gestos
y los remolinos de tu pelo.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Mis Canciones
[19] Hablaron 


 Decir Amigo, se me figura que decir amigo es decir ternura.
Dios y mi canto saben a quien nombro tanto.

J.M. Serrat.

A M. mi amigo, mi risa, mi fuerza.

Pongamos por caso que somos dos ríos.

Nacimos en la misma montaña, de rocas distintas. Transcurrimos sin saber de nuestra mutua existencia, discurrimos casi paralelos, cada uno en su cauce, cada cual atravesando sus rápidos y sus remansos. Ignorábamos que estábamos tan cerca.

En algún punto, tu cauce y mi cauce, se juntaron.

Ni destino, ni azar, ni casualidad, sólo dos cauces que confluyen durante unos kilómetros y se enriquecen, y se doblan el caudal, y juntos crean espumas saltando cantarines por las piedras. Más allá, ya no sé ni por qué, nos bifurcamos por vez primera.
Ahora, con el paso del tiempo, me doy cuenta que no debieron de ser más de dos kilómetros separados, pero en tu curso de plata faltó brillo y en el mío atravesé cataratas de tristeza.

Nos volvimos a juntar. Recuerdo exactamente en que lugar, la alegría del reencuentro, indecisos al principio, renovados luego.

Desde entonces hemos discurrido juntos, corriendo en zig-zag, sin perdernos de vista.

…Y nos hemos ayudado
a erosionar a las piedras,
a elegir bien nuestro cauce
y a modificar la tierra.

Cada vez que te hizo falta
procuré quedarme cerca
y cuando más falta me hizo
tú estabas en la ribera.

Hemos soportado juntos
las sequías y el deshielo,
cataratas y remansos,
la tristeza de las presas.

Conozco tus afluentes,
te conoces mi maleza,
los peces que por ti nadan
por mi corriente navegan.

Y hasta la desembocadura,
que ojalá no quede cerca,
siguen tu curso y mi curso
trasvasándose la fuerza.

TQB.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[19] Hablaron 


 En mi calle el mundo no habla
la gente se mira y se pasa con miedo

Silvio Rodriguez

En la parte más antigua de la ciudad, decían, se encontraba un barrio misterioso del que se susurraba con miedo. Nadie sabía muy bien donde empezaba y donde acababa. Se decía que sus calles eran estrechas y sucias, llenas de recovecos y callejones oscuros, calles sin nombre y sin letreros, calles de niebla.
La gente normal evitaba pisar aquel barrio maldito y apretaba el paso, mirando de reojo a todas partes, cuando el azar o la necesidad llevaban sus pies cerca de allí.
No era un barrio físicamente peligroso. No se sabía de robos o agresiones, nunca se habían producido allí crímenes sangrientos, tan frecuentes en otras partes de la ciudad, jamás había tenido que intervenir la policía en aquella zona. De hecho, la policía también evitaba entrar en el barrio, en parte porque no hacía falta y en parte porque, como los demás, le tenían miedo.
No era un barrio marginal, tal como lo entendemos, no había pobreza ni hambre, no había miseria ni familias rotas. Pero sobre todas las manzanas de aquel barrio sobrevolaba la sombra de una infinita tristeza. Esta tristeza, en forma de neblina espesa, se adueñaba de todas las calles y de todos los rincones, se filtraba por los resquicios de las puertas mal cerradas, y descendía a través de los tiros de las chimeneas.
En aquél barrio sólo vivía gente sin esperanza.
Desde la fundación de la ciudad, y sin que nadie sepa explicar por qué, en aquella barriada los pequeños pisos y los apartamentos, las buhardillas y los sótanos, las porterías y los áticos, se habían ido poblando de gente solitaria y triste.
Por eso, entre la gente normal, se susurraba el nombre del barrio con miedo. Era frecuente en las familias que, una mañana, sin previo aviso y sin esperarlo, alguno de sus miembros, hijo o hija, padre o madre, hiciesen las maletas metiendo en ellas lo imprescindible, saliesen a la calle sin decir nada y se dirigiesen despacio, resignados, a perderse en la neblina triste de aquel barrio de sombras.
Si esto ocurría, se les daba por perdidos para siempre, y los familiares y amigos se hacían a la idea de no volver a verles nunca más.
El barrio crecía sin parar. A un ritmo lento pero inexorable. Pronto, las autoridades, empezaron a temer que el barrio se adueñase de la ciudad. Idearon normas y edictos, hicieron campañas publicitarias, programaron en las televisiones programas cada vez más supuestamente entretenidos y estúpidos, se prohibió incluso cualquier referencia a la existencia de aquel barrio, con amenazas de multas y de cárcel.
Pero fue inútil. El barrio crecía día a día, y pronto, incluso las autoridades competentes, fueron desapareciendo en la niebla.
Nada ha servido para nada.
Ahora, mientras escribo, sé que mi casa es el último reducto de la “normalidad”. Miró por la ventana y apenas veo la calle, oculta tras la densa niebla.
Mañana haré la maleta con lo imprescindible, bajaré la escalera despacio, sin ruido, me perderé en la niebla y seré uno más deambulando, solitario y sin esperanza, por el Barrio sin nombre.

Quedaís invitados a ponerle nombre

Lo escribió Gabi y lo guardó en Parábolas y Cuentos
[22] Hablaron 


 

 ..Como un regalo que al ensuciarse tiró quien limpiaba
como un beso después de beber el trago más dulce…

Ella baila sola

Un francotirador, escondido en las ondas, disparó al aire una canción y me acertó, de lleno, en la memoria.
Ya no existieron entonces los ruidos de los coches, ni el atasco; y las caras malhumoradas de los otros penitentes en el caos del centro en hora punta se difuminaron tras las ventanillas.
La reconocí al primer compás (¿Cómo no hacerlo?) y tuve tiempo de cambiar de emisora, o apagar, o silenciar el volumen, pero no lo hice.
Te juro que estuve a punto, pero no lo hice.
La mano permaneció aferrada al volante.
Tal vez porque pensé que mi sangre había absorbido ya, todo el antídoto contra el veneno.
Tal vez porque el día había cantado hoy alboradas claras.
Tal vez porque llevaba baja la guardia.
El caso es que me acertó de lleno, y me inundé de recuerdos, y en el barco en que navegaba mares tranquilos, se abrieron de golpe cien vías de agua.
Me disparó a bocajarro, y estuve a punto de hundirme, pero un verso en la canción que me atacaba me hizo pensar:
“…porque mis ojos brillan con tu cara y ahora que no te veo se apagan…”
y supe que mis ojos brillan ahora con luz propia.
Como ha de ser.

Y supe que puedo más que los recuerdos.
Y supe que soy más fuerte que cualquier canción.
Y , lentamente, reaparecieron los coches, y las calles, y la gente…
y reemprendí la marcha.

Lo escribió Gabi y lo guardó en Noticias Breves
[11] Hablaron 

« Previous PageNext Page »